Por: David Santiago Mora

Hormiga ha trabajado a lo largo de su vida. Creando infancia, afianzando adultez, recorriendo adolescencia. Ha compartido el tiempo del ocio, ha sentido la falsa libertad anárquica, ha vivido el ímpetu de la irreverencia y recuerda el día cuando alguien le habló de subversión… era el sepelio de su amigo escritor cuyo epitafio decía: “dedico mi muerte a las putas, drogadictos, anarcos, travestis, homosexuales, y todos aquellos que han tenido más valor que yo… ellos merecen estar vivos”.

Una mañana la reina contó a hormiga que trabajaría hasta el último día de su vida, fue una deferencia que la reina tuvo con ella porque en el ataque de las avispas hormiga le salvó la vida.

Una tarde hormiga se enamoró de gusano y desde entonces ha trabajado más duro para conseguir un permiso al mes y así encontrarse con él.

Hormiga recorre los campos, conoce el mundo sin amos y también el mundo de los humanos. Muestra a la hilera de hormigas la angustia que se eleva en el horizonte e indica rodear el rio que revela las preguntas.

Hormiga comprende el significado del trabajo y cuando escucha a gusano volar cerca sube hasta la rama más alta de un árbol donde espera paciente a que él venga por su beso de amor. Entonces observa las figuras de las demás hormigas en movimiento, escucha las pisadas subterráneas, imagina cada huevo en la madriguera, sueña con las nubes de algodón de azúcar y siente el vértigo al precipitarse en vuelo hasta el suelo.

Hormiga transporta piedras preciosas labradas por el tiempo. Talla en ellas los recuerdos y construye luego portales desde la madriguera a otros mundos. Cruza los portales. Hormiga en aquel momento no es obrera sino el portal mismo, una gema tallada en cada recorrido. El trabajo de hormiga nunca terminará porque la vida de hormiga es su propio trabajo y éste la vida de la colmena.

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